sábado, 21 de mayo de 2016

Lo siento. De verdad.

Nunca había llorado por un corazón roto, pero creo que esta vez es justo. De verdad te amo. Sé que, al principio, cuando me dijiste que me querías, lo tomé a juego. No sabía cómo reaccionar. No te tomé en serio incluso a sabiendas de que me gustabas, pero tus novios anteriores, chicos relativamente atractivos, aunque poco desarrollados mentalmente y sexualmente capaces, me mantuvieron en la línea a la que pertenecía. Nunca debiste haberte enamorado de mí, si es que de verdad lo estabas. No me costó mucho poder quererte tanto como tu objetabas quererme. Fue fácil, incluso para mí, que no podía hacerlo, pero ya me doy cuenta que lo hiciste por alguna razón que desconozco. ¿Qué pretendías hacer? Sé que soy terrible, mala persona incluso cuando pretendía quererte con locura (y vaya que lo hacía), pero, en el fondo, siempre supe que tú estabas escondiendo algo. No podía ser que la chica con tantos pretendientes, con un pasado tan sexual y con gente con quien mantenerlo se fijara en mí, un tipo terriblemente mal de la cabeza, feo y gordo. Yo sé que es simplemente imposible.
Los primeros días estaba aún reacio a quererte, pero con el paso de los días, aquella renegación se fue desvaneciendo, y de verdad llegué a quererte con locura. ¿Qué pasó? Creo que tus verdaderos sentimientos más bien indiferentes hacia mí salieron a relucir tras una semana casi exacta de relación. No sé qué buscabas en mí, si es que de verdad me querías tanto. Yo nunca te mentí, y siempre te dejé claro que no soy el tipo de hombre para ti. Pero, aun así, me siento terrible por el hecho de que no me lo quieras decir. Me siento mal porque no quieres decirme, de cara a cara, que nunca me quisiste, que estabas jugando. Aunque, si de verdad me quieres tanto, la   cosa es aún peor, porque te comportas cortante, aún     enmascarada con una terrible calma. Indiferencia, puede ser.

Nunca te voy a odiar, pero no esperes mucho de mi.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario